Antiguas Cárceles de la Penitencia

Detrás del Palazzo Chiaramonte Steri

se encuentra el Museo de la Inquisición, instalado las que fueron las Cárceles de la Penitencia, antes unidas al palacio y actualmente accesibles desde el patio del Rectorado de la Universidad de Palermo, a cuyo conjunto el palacio y el museo pertenecen. La visita de ambos lugares está asociada, sin embargo es posible elegir visitar solo uno de ellos, pagando la mitad del precio del billete por supuesto.

Museo de la Inquisición - vista patio Rectorado de la Universidad
El patio del Rectorado de la Universidad de Palermo, el Museo de la Inquisición es el edificio de ventanas pequeñas que se ve a la derecha.

El museo de la inquisición es conocido por los grafitos de los presos que aún se pueden ver en las paredes de las celdas. Su descubrimiento se remonta al año 1906 cuando, durante unas obras de reforma en la primera planta, salieron a la luz los primeros dibujos. En aquellos años el antropólogo Giuseppe Pitrè, al comprender la importancia de tal hallazgo, dedicó sus esfuerzos al estudio y a la conservación de ese legado.

Las Cárceles de la Penitencia eran el lugar donde se recluían e interrogaban los acusados de supuestos delitos contra la Fe, en la espera del juicio que se iba a celebrar en el Tribunal de la Inquisición, instalado en el contiguo Palazzo Chiaramonte Steri. Los primeros grafitos, los más antiguos, se encuentran en el mismo palacio Chiaramonte, donde en un principio se encontraban también las celdas. La creación de estos primeros grafitos, todos de contenido marcadamente religioso, fue impulsada por las mismas autoridades del Tribunal con la finalidad educativa de redimir a los presos. Al terminar la construcción del edificio de las Cárceles de la Penitencia, a principio del siglo XVII, los presos fueron allí trasladados, llevando con sigo la costumbre de dibujar las paredes de sus celdas.

Museo de la Inquisición - Cristo con soldados Españoles
En este grafito vemos el Cristo con la Cruz a cuestas. Fijarse como en el dibujo los soldados son españoles, como lo eran los inquisidores, aunque lleven el estandarte del S.P.Q.R. como los antiguos romanos.

Horarios y precios

El Museo de la Inquisición se halla al interior de un conjunto de edificios que pertenecen al Rectorado de la Universidad de Palermo, para visitarle hay que dirigirse a la taquilla del Palazzo Chiaramonte Steri. Los horarios y días de visita por supuesto son los mismos. Ambos lugares están abiertos al público de martes a domingo desde las 10:00 hasta las 19:00. La visita completa dura una hora, de la cual se emplea la mitad para el palacio, que se visita primero, y la otra mitad para el museo, que se visita después.

El billete para la visita completa (palacio y museo) cuesta 8€ para los adultos y 5€ para los mayores de 65 años y los jóvenes de 10 a 17 años. Los menores de 10 años no pagan, pero deben de ir acompañados por alguien que sea mayor de edad. Tampoco pagan los minusválidos, sin embargo no hay ni rampas ni ascensores para quienes tengan problemas de movilidad. Si solo se visita uno de los dos lugares (el palacio o el museo) se paga la mitad. La visita es acompañada siempre por una guía y hay que seguir un recorrido determinado. Para averiguar la hora y el día en el que se encuentre la guía que habla español (solo hay una), es mejor pasarse con antelación por la recepción, o llamar por teléfono (+39 091 23893788).

[]

Planta baja museo

Se accede a la planta baja de las Cárceles de la Penitencia a través de un portal situado en la fachada norte del edificio.

Museo de la Inquisición - entrada museo
El portal de entrada de las antiguas Cárceles de la Inquisición, luego convertidas en oficinas de la Procura Generale (Fiscalía del Estado) y ahora en Museo de la Inquisición.

Los grafitos al interior de las celdas se hicieron de dos maneras. La más utilizada requería rascar los ladrillos del suelo para conseguir un polvo fino que, mezclado con fluidos corporales y heces, se utilizaba como pintura. El otro medio, tal vez ligado a la presencia de alguna estufa de carbón al interior de la celda, era el dibujo con tiza.

Periódicamente los grafitos eran recubiertos por una capa de cal. Esta costumbre, probablemente dictada por razones de higiene, además de facilitar su conservación, ha creado varias capas de grafitos sobrepuestas. Los grafitos que se pueden ver visitando la planta baja de este museo se dibujaron entre 1608 y 1633.

Museo de la Inquisición - planta baja
La planta baja del museo. Se ve a la derecha la puerta que da al exterior y, junto a ella, la escalera que sube a la primera planta. Entre el primero y el segundo tramo de la escalera se halla la sala de interrogatorio.

La escasa luz de las celdas entraba a través de unos angostos tragaluces situados a cierta altura del suelo. Debido a ello, y al esfuerzo de dibujar los grafitos, era muy común entre los presos el temor a perder la vista. Esto explica como, entre los santos dibujados en los muros a los que los presos se recomendaban para aliviar sus penas, la representación de Santa Lucía (protectora de los ojos) sea la más recurrente.

Museo de la Inquisición - grafito con Santa Lucía
Una de las representaciones de Santa Lucía, dibujada en una de las celdas de la planta baja del museo.

Uno de los grafitos lleva la firma de su creador es el de Francesco Mannarino, un pescador que fue apresado por piratas turcos y obligado a convertirse al Islam para salvar la vida. Durante un tiempo sirvió en un barco de corsarios hasta que logró escapar y regresar a Sicilia. Al llegar fue acusado de renegar su Fe y encarcelado durante tres meses hasta ser rehabilitado por los Tribunales. Durante su cautiverio dibujó un grafito que representa la Batalla de Lepanto de la cual, durante el tiempo en que sirvió como corsario, había oído el relato que había pasado de boca en boca a lo largo de los años.

Museo de la Inquisición - Batalla de Lepanto pintada por Francesco Mannarino
La Batalla de Lepanto pintada por Francesco Mannarino.

La Inquisición también se ensaño contra extranjeros culpables de proceder de países donde se practicaba una confesión distinta de la Católica. Especialmente odiados por los inquisidores fueron Anglicanos y Luteranos.

Museo de la Inquisición - el Credo escrito en inglés
Un Credo escrito en inglés por uno de los reclusos.

[]

Sala de interrogatorios

Entre la primera y la segunda planta se hallaba la sala de interrogatorios. El posicionamiento de esta sala, entre las dos plantas, hacía que los gritos de dolor de los torturados fueran oídos desde las celdas de ambas plantas de la cárcel.

Museo de la Inquisición - sala de interrogatorios
La sala de interrogatorios.

El tormento más común era el de la cuerda, que consistía en colgar el acusado por las muñecas mientras estaban atadas tras las espaldas. El tormento se podía repetir varias veces durante un mismo día.

[]

Primera planta museo

Los grafiti que pueden verse en esta primera planta se remontan al periodo comprendido entre 1632 y 1646. Entre ellos hay muchos creados con tiza, lo que deja suponer que los reclusos de esta planta tuvieran mejores condiciones de detención que los de la planta baja, como demostraría el uso de tiza debido a la supuesta presencia de alguna estufa de carbón.

Museo de la Inquisición - aristócrata montado a caballo
Un aristócrata montado a caballo, como solían verse durante las públicas ejecuciones en la hoguera. La escena del caballo haciendo sus necesidades es tan irreverente que el ignoto autor aprovechó las paredes de la letrina de la cárcel para representarla, seguro que los carceleros jamás entrarían en ella debido al insoportable hedor.

Las acusaciones que podían llevar a la reclusión eran muy variadas. Un testimonio directo de ellas nos ha llegado por el clérigo teatino Gerolamo Matranga (1605-1679), nativo de Palermo, que ejerció durante unos 40 años como Juez del Tribunal de la Inquisición.

Museo de la Inquisición - grafiti primera planta
Grafitos en una celda de la primera planta.

La acusación más común era la de blasfemia, el insulto directo a la divinidad, o de invocación al demonio, la mayoría de las veces pronunciando la frase Santo Diavuluni (Santo Demonio). Había un importante porcentaje de presos que se habían convertido al Islam y que, a la hora de reconciliarse con la Iglesia Católica, debían pasar por el juicio de los Tribunales. También se procesaban magos, adivinos y brujas. Los delitos sexuales también eran perseguidos por los inquisidores, los más comunes eran la fornicación (mujeres) y la bigamia (hombres), unidos a los que hoy llamaríamos abusos de los sacerdotes.

Museo de la Inquisición - grafito celda mujeres
Grafito en celda de mujeres.

En esta primera planta se hallaba también la sección de mujeres de la cárcel. La mayoría de ellas estaban acusadas de adulterio, sin embargo había también alguna acusada de brujería.

Museo de la Inquisición - grafitos hechos por mujeres detenidas
Grafitos hechos por mujeres detenidas.

Entre todas las historias que han ido saliendo a la luz, una ha llamado la atención del celebre novelista siciliano Leonardo Sciascia el cual, inspirándose en ella, escribió la Morte dell'Inquisitore (1964). El protagonista fue un fraile de la Orden de San Agustín nativo de Racalmuto (el mismo pueblo de Leonardo Sciascia), Fray Diego La Mattina (1622-1658). Ya procesado dos veces por los Tribunales de la Inquisición y dejado en libertad después de pronunciar abjuración (1644), fue acusado por tercera vez en el año 1646. Esta tercera vez fue condenado a cumplir cinco años de condena en las galeras.

Museo de la Inquisición - silla de interrogatorio
La silla de interrogatorio, en madera de castaño.

El 7 de agosto de 1648, a bordo de la galera donde se hallaba recluido, organizó una protesta que desembocó en un motín. A raíz de ello fue condenado a cadena perpetua en el Palazzo Chiaramote Steri. No se sabe como logró escapar y a refugiarse en una cueva en la campiña de su pueblo natal. Capturado a los pocos días fue llevado de regreso las Cárceles de la Penitencia donde fue repetidamente interrogado y sometido a tormento. El día 24 de marzo de 1657, durante un interrogatorio, aprovechó un descuido de sus carceleros e, impugnado un hierro, logró herir de muerte al inquisidor Juan Lopez de Cisneros. El relato de los acontecimientos fue recompilado por el inquisidor Pablo Escobar en una carta enviada a las Cortes de Madrid. Fray Diego la Mattina fue condenado a morir en la hoguera y su ejecución se llevó a cabo el día 17 de marzo de 1658

[]

La Inquisición en Sicilia

Los comienzos de la practica de la Inquisición en Sicilia se remontan al reinado de Federico II (siglo XIII). En ese entonces los inquisidores apostólicos dependían directamente de la Santa Sede y su labor consistía sobre todo en la vigilancia de los musulmanes conversos y de los judíos, a los cuales se exigía el pago de una tasa que los mismos inquisidores se encargaban de cobrar. Esta forma de inquisición, relativamente blanda, fue suplantada en el año 1487 por la Inquisición Española, introducida en Sicilia por Fernando II de Aragón.

Museo de la Inquisición - grafito con monstruo marino
Uno de los grafitos de las celdas de la planta baja de las Cárceles de la Penitencia.

A partir de entonces la practica de la Inquisición en Sicilia quedó independiente de Roma y fue gestionada directamente por España, desde donde procedían todos los inquisidores. El primer inquisidor español, enviado por el mismo Fernando II, fue el fraile Agustín La Peña. Los jueces de los tribunales en cambio eran sicilianos y fueron, en principio, reclutados al interior de la Orden Dominicana. A partir del año 1513 esta orden fue substituida por la de los Clérigos Regulares (Teatinos).

Museo de la Inquisición - corredor primera planta museo
La primera planta del edificio convertido en museo a partir del año 2004.

Una vez celebrado el juicio, los presos podían ser excarcelados, condenados a una pena de reclusión que solían cumplir en las galeras o, si los jueces lo consideraban necesario, condenados a morir en la hoguera. En Palermo las hogueras se realizaban públicamente y la población estaba obligada a presenciarlas. Los dos lugares escogidos para ello, debido a su extensión, eran la Piazza Marina y el Piano de Sant'Erasmo (donde hoy se halla la Villa Giulia). Para que todos pudieran ver el suplicio de los condenados se montaban unos palcos de madera que, con sus frecuentes derrumbes, eran causa de muchos accidentes.

Museo de la Inquisición - doble puerta celdas
En la primera planta del museo se puede ver un ejemplo de como eran las puertas de las celdas de la cárcel, su reducida altura requiere agacharse para poder pasar. Las puertas de las demás celdas han sido realzadas para facilitar su uso como oficinas después del fin de la Inquisición y el cambio de usos del edificio.

La Inquisición fue abolida por el virrey Domenico Caracciolo el 6 de marzo de 1782. Todos los archivos de los tribunales fueron entonces quemados, no obstante, debido a que se enviaba a Madrid una copia de cada documento, los historiadores han podido reconstruir unos 6.393 juicios que se llevaron a cabo en los Tribunales del Palazzo Chiaramonte Steri.

Una vez terminada la practica de la Inquisición, el edificio fue reformado y se instalaron en su interior las oficinas de los Tribunales de Justicia.

Museo de la Inquisición - celda mujeres
La celda de mujeres en la primera planta del museo. Sobre las dos ventanas, abiertas después de que el edificio fuera cambiado de usos, se ve el pequeño tragaluz que representaba la única abertura de la que disponían las celdas. A través de el entraba la escasísima luz que permitía a las reclusas hacer sus dibujos.