Página actualizada el 5 de diciembre de 2020

¿Que son las cookies?

Las cookies son unos archivos creados por las páginas web que visitamos y depositados en las carpetas de nuestro navegador, para interactuar con el. Todas tienen caducidad, transcurrido un tiempo dejan de funcionar y se auto-destruyen.

Títulos de esta página

[

Mostrar

]

Las cookies solo pueden ser leídas por el sitio web que las ha creado, por ello se especifica si son propias (del mismo sitio web que estas visitando) o de terceros (por ejemplo Facebook, Twitter, Google, Microsoft, etcétera).

¿Qué tipo de información recopilan las cookies?

La información que recopilan las cookies es muy variada. Si son producidas por el mismo sitio web que visitas, pueden guardar tus preferencias, eventuales contraseñas de usuario y otros datos que permiten al sitio web reconocer tu ordenador. Si son cookies de terceros el uso puede ser más articulado e incluir información sobre tu ubicación (a través de tu IP), tus hábitos de navegación y tus intereses (cine, noticias, juegos, redes sociales, etcétera).

¿Qué cantidad de datos cabe en una cookie?

La cantidad de datos que pueden recompilar las cookies está limitada por su tamaño máximo, que no puede superar los 4KiB.

¿Cuanto datos son 4KiB?

Para verlo por tu cuenta crea un archivo de texto plano en tu ordenador (el tipo de archivo más ligero y sencillo, utilizando por ejemplo el Block de Notas de Windows, o el Gedit de Gnome). Ahora ponle el texto en cursiva del Don Quijote que ves a continuación (va desde el principio del 1º capítulo hasta unos párrafos después). Luego guarda el archivo y abre sus Propiedades (clic derecho sobre el archivo), así verás su tamaño.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: [...] los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar -que era hombre docto, graduado en Sigüenza-, sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.
En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles;

Si no te apetece te ahorro el trabajo. El archivo, escrito con Gedit de Gnome, mide 4 KiB. Son 707 palabras y 3965 caracteres. Esta es toda la información que, como mucho, puede escribirse en una cookie.

Si quieres una información detallada sobre las cookies y su historia visita esta página de Wikipedia: Cookie (informática).

¿Cómo rechazar las cookies?

Con las nuevas reglas, en vigor en 2020, ya no es suficiente que una página web avise de que está utilizando cookies. Este aviso ahora solo sirve para las cookies propias, o sea las que son generadas por el mismo sitio. Para las cookies generadas por terceros, por ejemplo las de Google Analytics, el sitio web está obligado a proporcionar la opción de rechazarlas o aceptarlas.

Al acceder por primera vez a una página web, suele salir un aviso que nos comunica que se están utilizando cookies (las de la página). En este aviso se nos pide che las aceptemos o las rechacemos (las cookies de terceros) haciendo clic en un botón o en otro.

Configurar los navegadores para aceptar/rechazar las cookies

Si no quieres que de antemano los sitios web depositen sus cookies en tu navegador, puedes configurarle para que así sea. Si no sabes cómo hacerlo haz una búsqueda en Google con estas palabras:

configurar cookies en .... (nombre de tu navegador)

Si tienes las sugerencias activadas, nada más poner 'configurar cookies' te saldrán varias opciones de búsqueda, entre ellas las de todos los navegadores más comunes:

Solo tendrás que seguir las instrucciones.

Cookies en este sitio web

Las cookies utilizadas en este sitio web sirven para proporcionar un mejor servicio a los usuarios. Su aceptación, incluidas las propias, está vinculada al clic en el botón que pone 'Si'. Al hacer clic en el botón que pone 'No' no se utilizarán cookies.

Cookies propias (de panormus.es)

Listado de la cookies utilizadas por panormus.es

Cookies de terceros

A continuación el listado de las cookies de terceros utilizadas por este sitio web. IMPORTANTE: este listado puede tener ligeras variaciones que los terceros vayan introduciendo con el paso el tiempo.

Propietario de las cookies: google .com. Cookies utilizadas:

Propietario de las cookies: analytics.google .com. Cookies utilizadas:

Tal vez pueda interesarte

¿Aceptas las Cookies?

panormus.es utiliza cookies para mejorar tu experiencia en la web

ver política de cookies

flecha para ir arriba en la página