El Santuario del Monte Pellegrino

Principal lugar de culto

dedicado a la Patrona de Palermo, se encuentra bajo un risco orientado hacia poniente, cerca de la cumbre del Monte Pellegrino. Fue creado entre 1626 y 1629 en la gruta donde, en el siglo XII, Rosalía Sinibaldi pasó como ermitaña los últimos ocho años de su vida.

Santuario de Santa Rosalía visto desde la carretera
El Santuario de Santa Rosalía visto desde la carretera. La estructura moderna situada a la izquierda del reloj-campanario pertenece hoy a la Opera Pia Don Orione que en la posguerra se hizo cargo de los niños desamparados de la ciudad. A esta época (1946) se remontan unas reformas en la estructura del conjunto.

El Santuario de Santa Rosalía abre al público todos los días según los siguientes horarios: Mañanas desde las 07:00h hasta las 12:30h. Tardes desde las 14:00h hasta las 18:30h (con la hora legal hasta las 19:30h) (entre el horario de mañana y el de tarde el santuario suele, casi siempre, permanecer abierto).

El autobús de la línea 812 conecta con el santuario (y el Belvedere de Monte Pellegrino). Sale desde la Via Francesco Crispi (frente al puerto) y, después de transitar por el Viale della Libertà, se dirige hacia el Monte Pellegrino.

Al 1644 se remonta la creación del conjunto barroco visible desde el exterior que incluye, además de la fachada exterior de la capilla y de un vestíbulo de acceso al interior, un convento Franciscano donde se hospedaban los frailes que custodiaban el lugar y proporcionaban asistencia a los peregrinos que acudían al Santuario.

Después de los acontecimientos que durante la epidemia de peste de 1624 conllevaron el hallazgo de los restos mortales de Rosalía Sinibaldi, el Senado de Palermo, en la espera que se confirmase su autenticidad, hizo aplanar el espacio frente la gruta y ensanchar su entrada para facilitar el acceso a su interior.

El rellano frente al santuario (ver), después de las reformas de del siglo pasado (cuando en la posguerra se construyó un hospedaje para niños desfavorecidos), se ha convertido en un patio exterior que también sirve como mirador para disfrutar las bonitas vistas paisajísticas. En este rellano pueden subir los vehículos que lleven en su interior personas de reducida movilidad (no es preciso que lleven la pegatina de minusválidos).

El interior del Santuario de Santa Rosalía.
El interior del Santuario de Santa Rosalía.

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Exterior del Santuario

Se llega hasta el santuario después de haber subido por una larga escalera que le separa del plano de la carretera, donde se hallan algunos bares y puestos de mercadillo. Aquellos peregrinos que han subido a pie hasta el Santuario y tienen planeado pedir a la Santa un favor muy grande, suelen subir por la escalera de rodillas.

Santuario de Santa Rosalía - Escalera principal
El último tramo de la escalera principal. Se ve la sencilla fachada del conjunto barroco donde resalta, al interior de un edículo, la estatua de Santa Rosalía

La fachada del santuario, a pesar de su origen barroca, muestra un aspecto sencillo. Las únicas decoraciones presentes son las que rematan el segundo cuerpo del edificio. Sobre el portal hay un edículo barroco en cuyo nicho puede verse la estatua en mármol de Santa Rosalía (siglo XVIII). En el lado izquierdo de la fachada se halla la torre del reloj-campanario.

Santuario de Santa Rosalía - portal exterior
El portal exterior del santuario.

Sobre el portal, bajo el entablamento del segundo cuerpo, se encuentra un medallón con el emblema municipal de Palermo. A la derecha del portal se ve la pintura que representa la aparición de Santa Rosalía a Vincenzo Bonelli (según la tradición, durante esta aparición, acontecida un año después del hallazgo de su sepultura, la santa predice el fin de la epidemia después de que sus restos sean llevados en procesión por la ciudad).

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Interior del Santuario

Nada más pasar por el portal se accede a un loggiato cuya configuración es idéntica a la de muchos sotocoro presentes en las iglesias conventuales de Palermo. A la izquierda del loggiato se halla el portal que conecta con la sacristía, mientras que el recorrido, marcado por un pasamanos de hierro, nos dirige hacia un patio interior en el cual, de frente, se ve el portal de la gruta-santuario.

Santuario de Santa Rosalía - entrada y vestíbulo
El vestíbulo, con sus columnas entorchadas, visto desde el patio interior del santuario. En las bóvedas hay unos frescos que representan momentos de la vida de Santa Rosalía. A la derecha se ve una capilla desde la cual se sube, por una empinada escalera, hasta un pequeño santuario dedicado a San Benito de Palermo (1524-1589).

A la derecha del portal se ve una estatua de Santa Rosalía, tallada en madera, rodeada por cantidad de exvoto entre los que destaca, por su mole, el ancla de un buque cuyos marineros, según el relato del contramaestre Filippo Davì, sobrevivieron por intercesión de la Santa después de haber sido hundido su barco por un submarino alemán durante la Gran Guerra. Bajo la estatua se halla una fuente donde se recoge el agua que mana de la gruta (el agua no se puede beber). A la derecha, en la pared caliza, están los restos de un santuario fenicio dedicado a la diosa Tanit que demuestran cómo el lugar haya sido objeto de culto ya en época pagana.

Santuario de Santa Rosalía - portal interior con estatua Santa Rosalía, exvoto, pozo, y santuario fenicio
El portal interior del santuario. A su derecha se ve la estatua de Santa Rosalía, en madera tallada, donde se guardan los exvoto. Bajo la estatua se ve la fuente y, a su derecha en el costado de roca, está el santuario fenicio dedicado a la diosa Tanit (donde se ve una lapida).

El estrecho pasadizo que daba al interior de la gruta ha sido ensanchado en el siglo XVII, creando así el espacio donde, como en la nave de una iglesia, se han puestos unas bancas. Al fondo de la gruta está el altar mayor, dedicado a la Inmaculada.

En la pared derecha de la gruta puede verse un relieve en mármol, esculpido por Nunzio La Mattina (el mismo creador de algunas estatuas de los Quattro Canti), que representa la Coronación de Santa Rosalía (ver).

Santuario de Santa Rosalía - gruta
El interior de la gruta visto desde la entrada. A la izquierda se ve el Santuario, al fondo el altar mayor y a la derecha (bajo el foco) el relieve de Nunzio La Mattina que representa la Coronación de Santa Rosalía (1636).

En el lugar donde el día 15 de julio de 1624 fueron hallados los restos atribuidos a la santa, se encuentra el altar a ella dedicado (los restos, en el año 1728, fueron trasladados en la Catedral de Palermo donde se custodian en la capilla dedicada a la patrona de la ciudad).

Al interior del altar, protegido por una urna de cristal, se halla el simulacro de Santa Rosalía. La escultura en mármol, que representa el momento de la muerte de Rosalía Sinibaldi, fue creada en 1625 por el escultor florentino Gregorio Tedeschi (también este escultor creó algunas de las estatuas de los Quattro Canti). El hábito de oro que viste la estatua del Tedeschi fue donado en 1748 por Carlos III de España.

Santuario de Santa Rosalía - altar de Santa Rosalía
El altar barroco de Santa Rosalía (1667), decorado con mármoles policromados oro y plata, fue comisionado por el Senado de Palermo.

El altar mayor del Santuario está dedicado a la Inmaculada. La estatua, alojada en un nicho iluminado de azul, es obra de Giuseppe Albino que la esculpió en 1656.

Santuario de Santa Rosalía - altar mayor
El altar mayor, situado al fondo de la gruta.

Al salir de la gruta se nota, gracias a la contra-luz del exterior, el trabajo de cincel que ha creado la nave de la ermita. Llama la atención el sistema de canalización, en el techo de la cueva, que protege del constante goteo del agua que mana de la roca.

Santuario de Santa Rosalía - interior gruta con entrada
El interior de la gruta mirando hacia la entrada.

A la derecha del portal se halla una puerta que conduce a la Sacristía y, atravesando el portal de la Opera Pia Don Orione, a un pequeño museo y tienda de souvenires, donde unos mostradores exponen algunos antiguos objetos litúrgicos.

Santuario de Santa Rosalía - portal sacristía
Portal sacristía.

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Algo de historia

Los comienzos de la peste

El día 7 de mayo de 1624, procedente de Berbería (Norte de África) llega al puerto de Palermo un barco en el cual, durante la travesía, se habían dado unos casos de peste. Los tripulantes, sin decir nada, comercian con los lugareños y contagian la población. La peste se difunde y, siendo ya demasiado tarde, el barco es puesto en cuarentena. La peste no hace diferencias de clase social entre sus víctimas, el día 3 de agosto del mismo año muere por el contagio el virrey Manuel Filiberto de Saboya. Las muertes siguen sin parar hasta alcanzar la cifra de 30.000 sobre una población de 130.000 habitantes. Por represalia el barco culpable del contagio es hundido en el mismo puerto de la Cala.

Las primeras apariciones de Santa Rosalía (Geronima la Gattuta)

En este contexto, mientras en la ciudad cundía la desesperación, aparece la figura de una humilde mujer de 47 años de edad, nativa del pueblo de Ciminna, que se ganaba la vida en la ciudad. Se llamaba Geronima la Gattuta.

Víctima de una fuerte fiebre, Geronima yacía en una cama de hospital. Durante el sueño tuvo la visión de una monja vestida de blanco que atraía rayos de luz a su alrededor. Geronima le pidió agua y la visión le dio a beber de su mano, diciéndole que ya estaba curada y que, a cambio, debía subir a Monte Pellegrino para cumplir un voto.

La mujer se curó en seguida de la fiebre que padecía, pero no cumplió el voto de subir al monte. Pocos días después cayó enferma por segunda vez. Entonces se puso a contar a parientes y conocidos el sueño-visión que había tenido. Ya convencida de la veracidad de su sueño, y acompañada por varias personas, subió al monte para cumplir el voto. Es el domingo 26 de mayo de 1624, día de Pentecostés.

Llegados casi en la cima, vieron un lugar frente a una cueva donde de la roca brotaba un manantial. Geronima bebió el agua y se durmió para descansar. Durante el sueño tuvo otra visión, esta vez de la Virgen. Esta le dice que, al haber cumplido el voto, ha quedado curada de su dolencia, pero aún tiene que hacer algo: debe entrar en la gruta y ponerse a escavar, porque allí se iban a encontrar los restos de una Santa. La mujer permaneció en el lugar varios días y siguió teniendo visiones hasta señalar, dentro de la cueva, un lugar determinado.

El hallazgo de los restos

El día 15 de julio de 1624, confiando en el relato de la mujer, varias personas comienzan a escavar en el lugar indicado. Después de mes y medio, a una profundidad de 4 metros, encontraron una formación natural de sedimentación caliza que encerraba unos restos humanos. Los huesos fueros limpiados y guardados en el altar de una pequeña iglesia que, mientras tanto, se había construido junto a la cueva (la iglesia antigua de Santa Rosalía).

Posteriormente los restos serán guardados en una caja de madera para ser, en un segundo momento, sometidos al examen de cuatro médicos y cuatro teólogos escogidos por el cardenal Giovanni Doria. Los médicos dictaminaron que podía tratarse del cuerpo de una mujer, pero no podían certificarlo a causa del descomunal tamaño de la cabeza. Debido al examen poco concluyente, el cardenal no pudo afirmar con seguridad que se tratase de los restos de Rosalía Sinibaldi. Aún así la mujer responsable del hallazgo, Geronima la Gattuta, fue premiada con una generosa renta vitalicia garantizada por las autoridades ciudadanas.

La última aparición (Vincenzo Bonelli)

Pasaban los meses y la peste seguía cosechando víctimas, entre ellas la esposa y la hija de Vincenzo Bonelli, un hombre que se dedicaba al oficio de jabonero. Como era muy religioso no quiso que sus cuerpos fueran quemados juntos con los demás contagiados y decidió enterrarlos en secreto. Pero fue descubierto y barriggiado, o sea encerrado dentro de su casa (algo así como un arresto domiciliario de nuestros días). El hombre se escapó de su casa y, con su escopeta y sus perros, salió de la ciudad fingiendo ir a cazar. Su intención era subir al monte para quitarse la vida despeñándose desde las alturas.

Llegado casi a la cima pasó delante de la pequeña iglesia, al lado la gruta donde el año anterior se habían encontrados los restos de Rosalía, y siguió su camino hacia la empinada ladera que da al mar. Allí se le apareció una joven, vestida de monja, que le detuvo y le llevó de regreso hacia la pequeña iglesia. La joven se presentó como Rosalía y le dijo que su destino sería morir infectado por la peste dentro de pocos días, por ello debía de confesarse para poder así reunirse con su esposa e hija. También le dijo que debía cumplir con el mandato de buscar al cardenal Doria para convencerle de la autenticidad de los restos encontrados en la cueva y explicarle que, al llevarlos en procesión por la ciudad, la epidemia de peste iba a cesar cuando todos los participantes hubiesen entonado el "Te Deum Laudamus".

El Bonelli regresó a Palermo y enfermó enseguida, a los pocos días su estado empeoró y llamó su párroco, don Pietro Lo Monaco, para confesarse. Le contó lo ocurrido en el monte, su intento de suicidio y la aparición. El párroco se puso en contacto con el cardenal Doria y este envió dos frailes capuchinos, fray Antonio da Palermo y fray Bartolomeo de Sciacca, para escuchar el relato y ponerlo por escrito. Enseguida de dar testimonio, Vincenzo Bonelli falleció.

El reconocimiento del hallazgo y el fin de la peste

Con fecha de sábado 22 de febrero de 1625, el Cardenal Doria volvió a reunir los expertos para una segunda análisis de los restos hallados en el monte. La principal duda se centraba sobre las dimensiones del cráneo, demasiado grande por ser de una mujer. Sin embargo, al retirar más y más capas de cal con la ayuda de un pequeño cincel, salió a la luz una cabeza muy pequeña, femminina acuñaron los médicos en su reporte, a la cual habían quedado unidos tres dedos en su lado derecho (la estatua-simulacro del santuario reproduce la postura en la cual, según los médicos que examinaron los restos, había fallecido la mujer).

A la luz de estos nuevos datos, el Cardenal Juan Doria declaró que se trataba de los restos de Rosalía Sinibaldi y los entregó al Senado de Palermo para que fuesen honrados debidamente.

El día 9 de julio de 1625, por primera vez, se llevaron los restos de Rosalía en procesión por las calles de la ciudad y la población, confiando en el relato del jabonero Vincenzo Bonelli, cantó el "Te Deum Laudamus". La historia cuenta que los enfermos comenzaron a curarse y que no se dieron más casos de contagio. A los pocos días, el 15 de julio (un año después del primer hallazgos de los restos) la epidemia remitió.

El Senado comisionó a un escultor de la ciudad, Giacomo Cirasolo, la creación de cuatro columnas de mármol policromado para situarlas alrededor del lugar donde se hallaron los restos de Rosalía. Un año después fue encargada, al mismo escultor, la creación del altar en mármol que aún se encuentra en el lugar del hallazgo.

Durante el mes de agosto de aquel mismo año fue comisionada al escultor florentino Gregorio Tedeschi la estatua de Santa Rosalía que hasta la fecha se encuentra en el Santuario. El 3 de Setiembre el cardenal Juan Doria declaró que la peste había terminado por la intercesión de Santa Rosalía.

Santuario de Santa Rosalía - simulacro de Santa Rosalía
El simulacro de Santa Rosalía de Palermo, esculpido por Gregorio Tedeschi, que se halla en el Santuario.