Una vista del patio del Rectorado de la Universidad de Palermo, el Museo de la Inquisición es el edificio que se ve a la derecha.

El Museo dell'Inquisizione de Palermo se halla instalado en las que fueron las Cárceles de la Penitencia (Carceri della Penitenza), lugar donde eran recluidos e interrogados los acusados de supuestos delitos contra la Fe, en la espera del juicio que se iba a celebrar en el Tribunal de la Inquisición, instalado en el contiguo Palazzo Chiaramonte Steri. Después de la abolición de la Inquisición, en el año 1782, el palacio fue convertido en sede de tribunales ordinarios. Entonces las temidas Cárceles de la Penitencia fueron cerradas y, después de alguna reforma estructural, fueron transformadas en oficinas de la Procura Generale (Fiscalía del Estado). En el año 1950 los tribunales fueron trasladados en el recién estrenado Palazzo di Giustizia, mientras tanto el edificio de la cárceles, ocupado por un privado, cayó progresivamente en el abandono. A partir del 2002 comenzó la obra de recuperación del edificio y este mismo año se llevaron a cabo las labores de restauro de los grafiti.

La importante cantidad de grafiti, sacada a la luz durante las labores de restauro, representa una valiosa fuente de información sobre la sociedad y la cultura de Sicilia en el siglo XVIII (muchos de los acusados eran personas de cierto nivel cultural). Los dibujos creados por los reclusos eran periódicamente recubiertos de cal por los carceleros, lo que ha permitido su conservación. En tiempos más recientes, gracias a las modernas técnicas de restauro, las capas de cal que mantuvieron casi intactos los grafiti han sido retiradas y estos testimonios han salido a la luz.

El portal de entrada de las antiguas Cárceles de la Inquisición, luego convertidas en oficinas de la Procura Generale (Fiscalía del Estado) y ahora en Museo de la Inquisicción.

La Inquisición en Sicilia

Los comienzos de la practica de la Inquisición en Sicilia se remontan al reinado de Federico II (siglo XIII). En ese entonces los inquisidores apostólicos dependían directamente de la Santa Sede y su labor consistía sobre todo en la vigilancia de los Musulmanes conversos y de los Judíos, a los cuales se exigía el pago de una tasa que los mismos inquisidores se encargaban de cobrar. Esta forma de inquisición, relativamente blanda, fue suplantada en el año 1487 por la Inquisición Española, introducida en Sicilia por Fernando II de Aragón. A partir de entonces la practica de la Inquisición en Sicilia quedó independiente de Roma y fue gestionada directamente por España, desde donde procedían todos los inquisidores. El primer inquisidor español, enviado por el mismo Fernando II, fue el fraile Agustín La Peña. Los jueces de los tribunales en cambio eran sicilianos y fueron, en principio, reclutados al interior de la Orden Dominicana. A partir del año 1513 esta orden fue substituida por la de los Clérigos Regulares (Teatinos).

La primera planta del edificio convertido en museo a partir del año 2004.

Una vez celebrado el juicio, los presos podían ser excarcelados, condenados a una pena de reclusión que solían cumplir en las galeras o, si los jueces lo consideraban necesario, condenados a morir en la hoguera. En Palermo las hogueras se realizaban públicamente y la población estaba obligada a presenciarlas. Los dos lugares escogidos para ello, debido a su extensión, eran la Piazza Marina y el Piano de Sant'Erasmo (donde hoy se halla la Villa Giulia). Para que todos pudieran ver el suplicio de los condenados se montaban unos palcos de madera que, con sus frecuentes derrumbes, eran causa de muchos accidentes.

En la primera planta del museo se puede ver un ejemplo de como eran las puertas de las celdas de la cárcel, su reducida altura requiere agacharse para poder pasar. Las puertas de las demás celdas han sido realzadas para facilitar su uso como oficinas después del fin de la Inquisición y el cambio de usos del edificio.

La Inquisición fue abolida por el virrey Domenico Caracciolo el 6 de marzo de 1782. Todos los archivos de los tribunales fueron entonces quemados, no obstante, debido a que se enviaba a Madrid una copia de cada documento, los historiadores han podido reconstruir unos 6.393 juicios que se llevaron a cabo en los Tribunales del Palazzo Chiaramonte Steri.

Uno de los grafiti de las celdas de la planta baja de las Cárceles de la Penitencia.

Una vez terminada la practica de la Inquisición, el edificio fue reformado y se instalaron en su interior las oficinas de los Tribunales de Justicia. En el año 1906, durante unas obras de reforma en la primera planta, salieron a la luz los primeros grafiti dibujados por los reclusos, y las reclusas, en la época de la Inquisición. El antropólogo Giuseppe Pitrè fue el primero en dedicar sus esfuerzos al estudio y a la conservación de tan importante legado.

La celda de mujeres en la primera planta del museo. Sobre las dos ventanas, abiertas después de que el edificio fuera cambiado de usos, se ve el pequeño tragaluz que representaba la única abertura de la que disponían las celdas. A través de el entraba la escasísima luz que permitía a las reclusas hacer sus dibujos.

En la posguerra (II Guerra Mundial) las Cárceles de la Penitencias fueron ocupadas por un privado que se dedicaba al negocio de la chatarrería. Durante años este señor las utilizó como deposito llegando a llenar todo el edificio con una gran cantidad de chatarra. No será hasta el año 2002 cuando por fin se retirarán los escombros acumulados en el edificio. Dos años después, en el 2004, comenzarán las obras de restauro que han sacado a la luz todos los grafiti que se pueden ver en la actualidad visitando el museo.

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Planta baja

Los grafiti presentes al interior de las celdas se crearon utilizando dos distintos medios. El más común de ellos requería rascar los ladrillos del suelo para conseguir un polvo fino que, mezclado con fluidos corporales y heces, se utilizaba como pintura. El otro medio, tal vez ligado a la presencia de alguna estufa de carbón al interior de la celda, era el dibujo con tiza. Periódicamente los grafiti eran recubiertos por una capa de cal, por lo que hay distintos grafiti sobrepuestos.

La planta baja del Museo. Se ve a la derecha la puerta que da al exterior y, junto a ella, la escalera que sube a la primera planta. Entre el primero y el segundo tramo de la escalera se halla la sala de interrogatorio.

Los grafiti que se pueden ver visitando la planta baja de este museo se dibujaron entre 1608 y 1633. Uno de los más conocidos es el que representa el Cristo llevando la cruz, en el cual los soldados que escoltan al Cristo encadenado no son romanos si no españoles.

Cristo llevando la Cruz, escoltado por soldados españoles.

Entre los grafiti de la primera planta resalta el que realizó Francesco Mannarino, un pescador que fue apresado por los piratas Turcos y obligado a convertirse al Islam para salvar la vida. Durante un tiempo sirvió en un barco de corsarios hasta poder escaparse y regresar a su tierra. Al llegar fue acusado de renegar su Fe y encarcelado durante tres meses hasta ser rehabilitado por los Tribunales. Durante su cautiverio dibujó un grafito que representa la Batalla de Lepanto de la cual, durante el tiempo en que sirvió como corsario, había óido la descripción que había pasado de boca en boca a lo largo de los años.

La Batalla de Lepanto pintada por Francesco Mannarino.

La escasa luz de la que disponían los presos entraba a través de unos angostos tragaluces situados a cierta altura del suelo. Debido a ello, y tal vez al esfuerzo de dibujar los grafiti, era muy común el temor a perder la vista. Esto explica como, entre los Santos dibujados en los muros, a los que los presos se recomendaban para aliviar sus penas, la representación de Santa Lucía (protectora de los ojos) sea la más recurrente.

Una de las representaciones de Santa Lucía, dibujada en una de las celdas de la planta baja del museo.

La Inquisición también se ensaño contra extranjeros culpables de proceder de países donde la Fe que se practicaba no era admitida por ellos. Particularmente odiados por los inquisidores fueron los Anglicanos y los Luteranos.

Un Credo escrito en idioma inglés por uno de los reclusos.

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Sala interrogatorios

Entre la primera y la segunda planta se hallaba la sala de interrogatorios. El posicionamiento de esta sala, entre las dos plantas, hacía que los gritos de dolor de los torturados fueran oídos desde ambas plantas de la cárcel.

La sala de interrogatorios.

El tormento más común era el de la cuerda, que consistía en colgar el acusado por las muñecas mientras estaban atadas tras las espaldas. El tormento se podía repetir varias veces durante un mismo día.

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Primera planta

Los grafiti que pueden verse en esta primera planta se remontan al periodo comprendido entre 1632 y 1646. Entre ellos hay muchos creados con tiza, lo que deja suponer que los reclusos de esta planta tuvieran un trato algo mejor de los de la planta baja, como demostraría el uso de tiza debido a la supuesta presencia de alguna estufa de carbón.

Un aristócrata montado a caballo, como solían verse durante las públicas ejecuciones en la hoguera. La escena del caballo haciendo sus necesidades es tan irreverente que el ignoto autor aprovechó las paredes de la letrina de la cárcel para representarla, seguro que los carceleros jamás entrarían en ella debido al insoportable hedor.

Las acusaciones que podían llevar a la reclusión en esta cárcel eran muy variadas. Un testimonio directo de ellas nos ha llegado por el clérigo teatino Gerolamo Matranga (1605-1679), nativo de Palermo, que ejerció durante unos 40 años como Juez del Tribunal de la Inquisición. La acusación más común era la de blasfemia, el insulto directo a la divinidad, o de invocación al demonio, la mayoría de las veces pronunciando la frase Santo Diavuluni (Santo Demonio). Había un importante porcentaje de presos que habían abrazado la Fe del Islam y que, a la hora de reconciliarse con la Fe Católica, debían pasar por el juicio de los tribunales. También se procesaban magos, adivinos y brujas. Los delitos sexuales también eran perseguidos por los inquisidores, los más comunes eran la fornicación (mujeres) y la bigamia (hombres), unidos a los que hoy llamaríamos abusos de los sacerdotes (sollecitatio ad turpia).

Grafiti en una celda de la primera planta.

En esta primera planta se hallaba también la sección de mujeres de la cárcel. La mayoría de ellas estaban acusadas de adulterio, sin embargo había también alguna acusada de brujería.

Grafiti hechos por mujeres detenidas.

Entre todas las historias que en los últimos cien años han ido saliendo a la luz, una ha llamado la atención del celebre novelista siciliano Leonardo Sciascia el cual, inspirándose en ella, escribió la Morte dell'Inquisitore (1964). El protagonista fue un fraile de la Orden de San Agustín nativo de Racalmuto (el mismo pueblo de Leonardo Sciascia), Fray Diego La Mattina (1622-1658). Ya procesado dos veces por los Tribunales de la Inquisición y dejado en libertad después de pronunciar abjuración (1644), fue acusado por tercera vez en el año 1646. Esta tercera vez fue condenado a cumplir cinco años de condena en las galeras.

La silla de interrogatorio, en madera de castaño, donde fue torturado Fray Diego La Mattina.

El 7 de agosto de 1648 organizó, a bordo de la galera donde se hallaba recluido, una protesta que desembocó en un motín. A raíz de ello fue condenado a cadena perpetua en el Palazzo Chiaramote Steri. No se sabe como logró escapar y a refugiarse en una cueva, ubicada en la campiña de su pueblo natal. Capturado a los pocos días fue conducido en las Cárceles de la Penitencia donde fue repetidamente interrogado y sometido a tortura. El día 24 de marzo de 1657, durante un interrogatorio, aprovechó un descuido de sus carceleros e, impugnado un hierro, logró herir de muerte al inquisidor Juan Lopez de Cisneros. El relato de los acontecimientos fue recompilado por el inquisidor Pablo Escobar en una carta enviada a las Cortes de Madrid. Fray Diego la Mattina fue condenado a morir en la hoguera y su ejecución se llevó a cabo el día 17 de marzo de 1658.

Grafito en celda de mujeres.

Información practica

El Museo de la Inquisición se halla al interior de un conjunto de edificios que pertenecen al Rectorado de la Universidad de Palermo, para visitarle hay que hacer una reserva (o adquirir directamente el billete) en la taquilla del Palazzo Chiaramonte Steri (es posible asociar la visita a la del palacio o escoger visitar solo el museo). Los horarios y días de visita por supuesto son los mismos, ambos lugares están abiertos al público de martes a domingo desde las 10:00h hasta las 19:00h
La visita completa dura media hora (una hora si se visita también el palacio) e incluye guía acompañante (hay una guía de habla española).
En el conjunto (museo y palacio) suele haber dos guías que se turnan en sus labores, una atendiendo la taquilla-recepción y otra acompañando los visitantes. Para concertar la visita, y averiguar la hora y el día en que se encuentre la guía que hable nuestro idioma, es mejor pasarse con antelación por la recepción, o llamar por teléfono (+39 091 23893788).
El precio de la visita completa (palacio y museo) es de 8€ para los adultos y de 5€ para los mayores de 65 años y los menores de 17 y mayores de 10, los menores de 10 entran gratis. Si solo se visita uno de los dos lugares (el palacio o el museo) se paga la mitad.

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