El Mueso Frà Giammaria da Tusa es un museo situado al interior del Convento Capuchino de Gibilmanna. Fue abierto al publico en el año 1992. Desde entonces gracias a las donaciones de privados y de algunos de los municipios de la comarca (Collesano, Castelbuono, Isnello y Cefalù), sus colecciones se han enriquecido notablemente hasta convertirle en una importante referencia para la conservación del patrimonio etnográfico de las Madonia.

El museo expone varios utensilios que pertenecieron al mundo rural de las Madonia, como los utilizados para la recoleta del maná. Algunos de estos utensilios fueron elaborados por los artesanos de los pueblos de los alrededores y otros por los monjes capuchinos que, interactuando con la gente del lugar y valiéndose de los talleres del convento, han participado al desarrollo de la tecnología rural que ha permitido a esta región de Sicilia abastecer sus necesidades y producir las mercancías que eran exportadas a través de los puertos de la costa.

La entrada del Museo Frà Giammaria da Tusa.

Los talleres del convento durante siglos dispusieron de cuanto necesario para transformar lana, seda, cáñamo y lino textil, producidos en la zona, en vestimenta litúrgica y otros tejidos que se hallan hoy expuestos en las distintas salas del museo. Las habilidades manuales de los monjes abarcaban la escultura de estatuillas (Sala V) y la creación de varios objetos litúrgicos en latón y plata (Sala VIII). A lo largo de las salas del museo se pueden además ver expuestas varias pinturas, algunas de calidad, creadas en los siglos pasados. Estas pinturas, en la mayoría de los casos sin la firma de su autor, aunque no sean obra de grandes maestros, son importantes legados del arte y de la cultura popular de esta parte de Sicilia.

La Sala III, dedicada al fraile Gaetano da Castanza.

La totalidad del museo se compone de diez salas, numeradas con números romanos y dedicadas, cada una de ellas, a un religioso ligado al mundo franciscano o a este convento en particular. Así están la sala I, dedicada a San Francisco de Asís (1182-1226), la sala VI, dedicada al fraile capuchino Sebastiano da Gratteri (1504-1580) fundador del actual convento, y la VII, dedicada a San Gregorio Magno (540-604), fundador del primer convento (benedictino) de Gibilmanna. El fraile capuchino Giammaria da Tusa (1532-1584), a cuya memoria está dedicado el nombre del museo, fue una relevante figura en la cultura de Gibilmanna en el siglo XVI.

La Sala IX, dedicada al fraile Ivone da Messina (1504-1572).

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Sala I - San Francesco (1182-1226)

La primera sala, a la que se accede directamente desde el exterior del convento, está dedicada a San Francisco de Asís, fundador de la Orden de Frailes Menores. Esta orden será reformada en 1525, cuando se iniciará la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Diez años después, en 1535, el fraile capuchino Sebastiano da Gratteri fue enviado, desde Calabria, a fundar un convento capuchino en Gibilmanna. Así, sobre los cimientos del antiguo monasterio creado por los benedictinos a finales del siglo VI, se construyó el actual convento, en cuyas dependencias (talleres, almacenes y establos) recién reformadas se halla este museo.

Fra Sebastiano da Gratteri fundador del Convento Capuchino de Gibilmanna (a el está dedicada la Sala VI de este museo en la cual se expone esta pintura). El cuadro nos muestra la aparición milagrosa de la que fue testigo el fraile: la del Cristo doliente en la ostia consagrada durante la celebración de la Eucaristía del año 1576. Esta aparición inspiró el fraile a pintar la representación del Ecce Homo hoy expuesta en la pared izquierda del presbiterio del Santuario de Gibilmanna.

Nada más entrar (si el portal estuviera cerrado nada más hay que llamar al timbre del convento para que un fraile nos abra) se halla una mesa sobre la cual hay una hucha de cristal en la cual se puede depositar la oferta que substituye el billete de entrada (no hay un precio fijado para la entrada, si no uno variable en función de la voluntad y las posibilidades de cada visitante). La primera área de la sala, detrás de la mesa de recepción, está utilizada para exposiciones.

La primera sala del museo tal y como aparece al entrar. En el primer tramo de la pared izquierda se hallan unos paneles que muestran la historia de la Provincia Capuchina de Mesina a la cual pertenece este convento. Sobre la mesa y a su derecha se ven unos instrumentos musicales y unas esculturas talladas en madera que pertenecen a la exposición "Scolpirliutando" que se mantendrá durante la primavera-verano 2016. Los mostradores de cristal separan en dos la Sala I delimitando el área destinada a las exposiciones temporales (más cercana a la entrada) del resto de la sala.

Instrumentos musicales de producción artesanal expuestos en la Sala I del museo.

En esta primera sala del museo, entre varias vestimentas litúrgicas custodiadas en mostradores de cristal (veremos muchas de ellas a lo largo del museo), hay una maqueta que reproduce el conjunto formado por el Santuario de Gibilmanna, el Convento de los Capuchinos y el Museo Fra Giammaria da Tusa.

La maqueta del conjunto de Gibilmanna.

En el segundo tramo de la pared izquierda de la sala, antes de la escalera que conduce a las demás salas del museo, se ven expuestos varios candelabros y algunos objetos litúrgicos. Las paredes de esta sala, al igual que en las demás salas del museo, muestran pintura de argumento religioso.

El segundo tramo de la pared izquierda de la Sala I, se ve la escalera que lleva hacia las demás salas del museo.

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Sala II - Fra Domenico da Isnello (1870-1932)

En esta sala se halla una de las "joyas" del museo, un pequeño órgano a cañas enteramente creado en madera y de tamaño reducido para que fuera posible su transporte sobre un carro. Junto a e el se halla un curioso instrumento de teclas llamado Campanelli. Ambos fueron creados en el siglo XVIII.

Los dos antiguos instrumentos expuestos en esta sala, a la izquierda el órgano portátil y a la derecha el campanelli.

El teclado del órgano.

El campanelli es también llamado (en italiano) sistro, pero no hay que confundirlo con el instrumento de origen egipcio que tiene el mismo nombre. El sonido era producido por unos martillos de madera que, accionados a través del teclado, golpeaban unas campanillas de bronce.

Instrumento del siglo XVIII llamado campanelli (o sistro).

Esta sala, muy antigua y con techo de bóveda sencilla, por su gran tamaño es también utilizada para reuniones. En ella se hallan unos arcos, sellados con cristales, que conectan con la colindante Sala III del museo. En el pasado ambas formaban los establos del convento. Junto a la puerta que conduce a la siguiente sala se halla un mostrador que expone varias aves de la zona disecadas.

La pared de la Sala II que colinda con la III. Se ve el mostrador de taxidermia que expone varias aves de la zona.

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Sala III - Fra Gaetano da Castanza (1807-1878)

Esta es la sala más interesante desde el punto de vista etnográfico. En ella se encuentra un conjunto de herramientas que nos permite conocer como fue la tecnología del mundo rural de Sicilia y en la comarca de las Madonia en particular. La exposición incluye un autentico carretto siciliano sin restaurar (en su estado más autentico) y un bote de pesca de tres remadores, de los que se han utilizado durante los siglos pasados para la pesca costera.

La Sala III del museo. Detrás del carretto siciliano está la entrada, se ven los arcos acristalados que la separan de la colindante Sala II.

Los telares artesanales de madera fueron utilizados en Sicilia hasta el siglo XIX. Sin embargo en algunas zona de la isla, como Erice por ejemplo, aún se siguen utilizando a nivel de la artesanía domestica, lo que ayuda a mantener viva la tradición. En este convento de Gibilmanna los frailes capuchinos los utilizaron para crear unos tejidos y bordados de gran calidad, muchos de los cuales veremos expuestos en las salas de este museo.

Antiguo telar de madera.

Telar de bordados.

Una de las actividades más características de la comarca es la recolecta del maná del fresno de las Madonia cuyo cultivo, para esta finalidad, procede del mundo árabe. Su presencia en Sicilia está documentada desde el siglo XI. Sin embargo su gran difusión se remonta al siglo XVI, coincidiendo con la llegada de los Capuchinos a Gibilmanna. Actualmente los principales centros de producción del maná son los pueblos de Castelbuono y Pollina (en las Madonia hay varias empresas que comercializan, también online, este producto). En esta Sala III del museo se halla un pequeño mostrador donde se exponen las herramientas tradicionales utilizadas en la recolecta del maná.

Herramientas para recolectar el maná.

En la sala se exponen varias piedras de moler trigo y herramientas para la producción del vino y del aceite de oliva. Todos (trigo, vino y aceite de oliva) fueron (y son) productos de gran calidad destinados a la exportación. En Sicilia, tradicionalmente, no existían grandes bodegas donde se cultivaba la viña se prensaba la uva y se almacenaba el caldo para su fermentación y posterior maduración en vino. La producción de la uva la llevaban a cabo pequeños o medianos productores, mientras su prensado corría a cargo de los propietarios de la prensa.

Estos contrataban unos pequeños empresarios que, utilizando los característicos carretto siciliano, transportaban la uva recién cosechada hasta el palmento (nombre usado en el sur de Italia para la prensa) donde esta era prensada para extraer el caldo que en seguida, antes de que comenzara su fermentación, era llevado a la bodega donde comenzaba todo el proceso de la fermentación y posterior curación del vino. Este traslado lo efectuaban los mismos carros que habían transportado la uva hasta la prensa, en ellos el caldo se llevaba dentro de unos contenedores de tela parecidos a odres. La bodega bien podía encontrarse en la misma propiedad donde se produjo la uva o bien pertenecer a algún pequeño empresario que compraba la uva recién cosechada.

Piedras de molino juntas a odres de tela, para el traslado del mosto desde la prensa hasta la bodega, y toneles para el transporte del vino. Sobre ellas pueden verse unas antiguas paelleras, más arriba un botijo, unos jarrones (tres de cerámica y dos de madera) y unos forros de mimbre para proteger las botellas de cristal durante su transporte (a veces estos tenían la tapa inferior que se podía retirar para sustituir la botella, aunque los que se ven en la estantería parecen tenerla fija).

El carretto siciliano, hoy tan asociado al folclore de Sicilia y a las tiendas de souvenir, en el pasado ha representado el único medio de transporte viable en la mayoría de las carreteras de la isla. Lejos de las ciudades y de las zonas urbanizadas de la costa, donde las calles más anchas permitían el paso de carrozas y de carros de dos ejes, en las estrechas tortuosas y empinadas carreteras de la isla, el carretto siciliano se ha hecho cargo durante siglos del transporte de toda clase de mercancías. En el pasado había familias enteras dedicadas a este negocio (los carretieri). En ellas, cuando un joven llegaba a la edad adulta, se le entregaba un carro para que se hiciera cargo de el y participara al negocio familiar.

El carreto siciliado del Museo Fra Giammaria da Tusa. Su aspecto, bien lejos de las versiones creadas para complacer los turistas, es de lo más autentico que se pueda encontrar.

Las decoraciones, tan características y presentes en cada parte del carro, aunque estas no fueran visibles, estaban incluidas en su proceso de construcción. Este se llevaba a cabo en las ciudades principales de Sicilia (Palermo Trapani y Castelvetrano en el poniente insular, Catania y Mesina en el levante). Después de la entrega del carro su mantenimiento corría a cargo del carretiere y este, con su cuidado, testimoniaba el profundo afecto que le ligaba, de por vida, a su medio de sustento.

Las luchas entre moros y cristianos suelen ser el tema decorativo de los paneles laterales del carro.

Los paneles laterales solían llevar pinturas que contaban historias ligadas a la epopeya de los Paladini di Francia (los Normandos) en lucha contra los Saraceni (los Árabes), o bien de otros temas de la cultura popular. Todas las estructuras de madera del carro, ruedas incluidas, estaban delicadamente talladas a mano con un "toque" claramente barroco. Un importante elemento estructural y de "diseño" de esta primordial "maquina" es una fusión llamada casciafusu que, escondida entre las ruedas, sustenta el eje y, a través de una piezas de madera, le mantiene unido al chasis del carro.

La mecánica del carretto siciliano. Se ve la pieza metalica del casciafusu cuya estructura, en vez de ser geométrica, reproduce unas formas de vegetales.

Otro elemento de la etnografía isleña presente en esta sala es un bote de remos, de los que se usaban para la pesca costera. Hoy estos pequeños barcos aún pueden verse en los puertos de muchos pueblos de Sicilia, en ellos suele haber montado un pequeño motor diésel. Sus vivos colores, distintos en cada barca, solían ser un medio para identificarlos desde la distancia.

Bote de remos usado para la pesca costera.

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Sala IV - Fra Fortunato da Valledolmo (1873-1957)

Esta sala está casi unida a las dos anteriores que, recordamos, fueron los establos. En ella se encuentra, casi unida a una amplia puerta ventana que da al exterior, la fragua del convento.

La fragua de los talleres del convento capuchino.

En esta misma sala, que conecta con las demás áreas del museo, se hallan cuatro elegantes lienzos pintados con oleo que fueron creados como frontales de altar (antipendio).

Lienzo del siglo XVII usado como frontal de altar.

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Sala V - Fra Antonino da Bronte (1681-1762)

En la Sala V se hallan expuestas, en un mostrador de cristal, varias estatuillas talladas en madera procedentes del tabernáculo del convento de Paternò (Catania), todas fueron esculpidas en el siglo XVIII.

Arriba San Antonio, la Virgen y Santa Barbara; abajo Fra Antonino da Bronte, Fra Felice da Nicosia y Fra Michele Moncada.

En otro mostrador más pequeño se hallan dos antiguas estatuillas de Belén, talladas en madera y pintadas.

La Virgen y San José, estatuillas de Belén del siglo XVI.

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Sala VI - Fra Sebastiano da Gratteri (1504-1580)

La sexta sala del museo está dedicada al fraile Sebastiano da Gratteri fundador del Convento Capuchino de Gibilmanna. Sebastiano nació en Gratteri, un pueblo de la comarca de las Madonia, en el año 1504. En el año 1534 ingresó en la Orden de los Capuchinos de Calabria, desde allí Bernardino da Reggio, una de las figuras eminentes de la orden, le envió de regreso a su tierra para fundar este convento.

Una vista de la Sala VI del museo. En la pared de la izquierda, entre el arco y la ventana, se halla la pintura del fraile capuchino que hemos visto al principio del capítulo dedicado a la Sala I.

En esta sala, además de algunos mostradores de cristal que custodian algunas vestimentas litúrgicas, se hallan unas antiguas sillas de madera y varias pinturas.

Composición de pinturas del siglo XVII. Al centro, pintada por Fra Feliciano (Domenico Guargena 1610-1673), Virgen con Niño, San Francisco y Santa Clara.

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Sala VII - San Gregorio Magno (540-604)

Esta sala está dedicada a San Gregorio Magno, sexagésimo cuarto papa de la Iglesia católica. Su madre, Santa Silvia de Sicilia pertenecía a una rica familia patricia de Roma propietaria de muchas tierras en Sicilia. En estas tierras Gregorio, antes de se elegido Papa, hizo construir varios monasterios (seis según la tradición), entre ellos el primer Monasterio de Gibilmanna.

Sillas obispales.

En esta sala se pueden ver varias vestimentas obispales, todas de gran valor y protegidas en mostradores de cristal. También se exponen dos confesionarios semi-cilíndricos cuyos techos están recubiertos de escamas talladas en madera.

Vestimentas obispales

Confesionarios.

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Sala VIII - Frati Urbano e Sigismondo da Pollina (-1629) (-1651)

En la Sala VIII pueden verse varios objetos litúrgicos, de plata y latón, expuestos en varios mostradores. Aislado en un mostrador al centro de la sala se halla el rosario de alabastro que perteneció al ermitaño Giuliano de Placia (Misilmeri siglo XV- Gibilmanna primera mitad del siglo XVI), el último de los ermitaños que, antes de la llegada de los Capuchinos, mantuvieron viva la tradición del Santuario. Giuliano fue quienes "entregó", en 1535, el Santuario a los recién llegados Capuchinos.

Vista de la Sala VIII sacada desde la escalera que lleva a la Sala IX. La puerta que se ve de frente conduce a la Sala X y, al fondo, a la escalera que baja hacia la Sala I por donde hemos comenzado nuestra visita al museo.

El rosario de alabastro que perteneció al ermitaño Giuliano de Placia.

Uno de los mostradores de la sala.

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Sala IX - Fra Ivone da Messina (1504-1572)

En esta Sala IX se exponen más vestimentas sacerdotales y algunas pinturas de gran tamaño. Tres de ellas, las que se hallan en los extremos de la sala, son de muy buena calidad.

Una vista de la sala sacada desde el centro de la misma. Al fondo se ven las estatuas de Santa Ágata (izquierda) y Santa Lucía, a su derecha está la barandilla de la escalera que baja hacia la Sala VIII.

Dos de las pinturas que se hallan en la sala, dedicadas a Santa Ágata y Santa Lucía, parecen pintada por la misma mano.

Santa Ágata, oleo sobre lienzo del siglo XVII.

Santa Lucía, oleo sobre lienzo del siglo XVII.

En un mostrador encajado en la pared izquierda de la sala se halla una interesante obra de arte perteneciente a este museo, la Piedad esculpida por Jacopo Lo Luca. Este escultor, nativo de Cefalú, aprendió el oficio en la bodega de Miguel Ángel.

Piedad, escultura en mármol del siglo XVI obra de Jacopo Lo Luca.

Al fondo de la sala, sin que se conozca su autor (como en la mayoría de las pinturas de este museo), se halla una Última cena pintada en oleo sobre lienzo.

La Última Cena, oleo sobre lienzo del año 1692.

Algunas de las vestimentas litúrgicas, creadas por los frailes del convento, merecen ser observadas más detenidamente.

Tejido en seda roja del siglo XVIII, producido en el Convento de Gibilmanna.

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Sala X - Beato Fra Felice da Nicosia (1715-1787)

En la última sala del museo, que se conecta con la primera, vemos una mesa de estudio y, tras ella, un Crucifijo creado en papel maché. En la sala también se halla un simulacro de la urna de Fra Felice da Cantalice y dos reliquiarios recabados en unos bustos de madera tallada. Uno de ellos representa San Felipe Neri, el otro el mismo Fra Felice da Cantalice.

Vista de la última sala del museo.

Fra Felice da Cantalice, reliquiario del siglo XVIII tallado en madera.

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Información practica

Los horarios de visita de museo son los siguientes:
de lunes a sábado desde las 10:30h hasta las 12:45h y desde las 15:30h hasta las 18:00h
los domingos desde las 10:30h hasta las 12:45h y desde las 15:30h hasta las 17:45h
si el portal está cerrado hay que llamar al timbre del convento para que nos abran.

El portal exterior del museo, junto al Santuario de Gibilmanna.

Los autobuses que llevan hasta el Santuario de Gibilmanna salen, solo en los días laborales, desde la estación de ferrocarriles de Cefalù. Los horarios son los siguientes:

Desde Cefalù hasta Gibilmanna hay tres viajes, a las 06:00h, a las 08:45h y a las 14:10h.
Desde Gibilmanna hasta Cefalù también hay tres viajes, a las 07:30h, a las 10:30h y a las 16:30h.

Como se puede ver lo mejor es subir con un vehículo de alquiler (coche o moto) y disfrutar de la libertad que este proporciona.

Una imagen del exterior del Convento de Gibilmanna.

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